Marca personal: ¿Hasta dónde correrías para vencer al cáncer? Mike Sheehy corrió hasta alcanzar un récord mundial.
 

Marca personal: ¿Hasta dónde correrías para vencer al cáncer? Mike Sheehy corrió hasta alcanzar un récord mundial.

Una semana tiene 168 horas. Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, las personas pasan en promedio cerca de 35% de esas horas durmiendo. Otro 23% la pasa en el trabajo, y 24% se dedica a “actividades de esparcimiento”.

Pero durante una semana de mayo de 2010, Mike Sheehy pasó casi la mitad de su tiempo corriendo: 77 horas en total. Recorrió 657 kilómetros e ingresó en el Libro de los Récords Guinness por la mayor distancia recorrida en una sola semana. Esta hazaña, y la iniciativa de recaudación de fondos para la lucha contra el cáncer que lo inspiró, le valieron ser nombrado uno de los “Héroes de las 500” de la revista Fortune de este año, que reconoce a aquellos empleados de la lista de empresas Fortune 500 cuyos “extraordinarios actos de coraje, bondad y abnegación están cambiando la vida de las personas”.

Después de todo, correr carreras no es un deporte individual. Muchos, como Sheehy, corren por cuenta de otros y por causas superiores a ellos mismos. Y aunque él es quien se encarga de correr, afirma que lo que lo impulsa es el apoyo que recibe de su familia y  amigos.

Sheehy, un veterano del ejército estadounidense y graduado de la academia militar de West Point, nacido en San Diego, tiene 43 años y es director sénior de adquisiciones globales de Abbott. Se enorgullece de vivir la vida a lo grande. Ha escalado cinco de las “siete cumbres” más altas del mundo, buceó en la Gran Barrera de Coral australiana y participó en el legendario encierro taurino de San Fermín en Pamplona, España. Una vez al mes, incluso, recorre caminando los 56 kilómetros entre su remota oficina suburbana al norte de Chicago y su hogar en el centro de la ciudad.

La pasión de Sheehy por correr maratones está inspirada tanto en su propio deseo de vivir al máximo, como por la imposibilidad de una de sus amigas de hacerlo.

Cuando a Julie, su ex compañera de trabajo en Abbott, le diagnosticaron leucemia, Sheehy comenzó a pensar en correr no sólo como un pasatiempo, sino como una herramienta. Julie no trabajaba en el área de Sheehy, pero todos a su alrededor sintieron el impacto del diagnóstico. Sus compañeros de trabajo hicieron una lluvia de ideas para pensar en formas de animarla y ayudarla en su batalla contra la enfermedad.

“Un día, alguien mencionó que el área debería hacerme correr con el equipo de entrenamiento de la Sociedad para la Leucemia y el Linfoma”, afirmó Sheehy. “Ellos recaudarían el dinero y yo me encargaría de correr”.

Pero ganarse un lugar en el Libro de Récords Guinness nunca fue el objetivo de Sheehy. Su meta era reclutar un ejército de seguidores a quienes les importara vencer al cáncer.

“Nunca había planeado correr con fines caritativos ni para batir un récord”, afirma Sheehy, que usó sus días de vacaciones para esta actividad. Pero “¿cómo se logra que personas desconocidas te hagan donaciones? No se recauda dinero siendo un introvertido. Hay que salir a la calle y hablar con la gente. Uno quiere hacer las cosas de la manera más inclusiva posible, porque quieres que la gente se sienta parte de eso”.

“La mayoría de los niños que crecieron en los Estados Unidos recuerdan haber leído el Libro de Récords Guinness. Sin comprender los kilómetros o la distancia, saber que alguien está rompiendo un récord Guinness es algo con lo que todo el mundo puede identificarse. Atrajo todo tipo de atención positiva”.

Durante su maratón de siete días que batió récords, Sheehy se hizo tiempo para reunirse con sobrevivientes del cáncer y compartió la historia de Julie. Además de crear conciencia en la comunidad, Sheehy también recaudó 50 mil USD para la Sociedad de Leucemia y Linfoma de San Diego, gracias, en parte, a generosos donantes que se enteraron de la causa por la cual corría.

Para sumar 657 kilómetros (y batir el récord Guinness previo de 93 kilómetros) Sheehy tuvo que correr dos maratones en promedio, y más, todos los días durante siete días. Para alcanzar esta meta, Sheehy redujo su tiempo de sueño a apenas cinco horas por noche. Contó con un equipo de “liebres” para mantenerse en marcha, y a pesar de todos los kilómetros acumulados, cada tramo del trayecto fue un desafío.

“Antes de cada sección, esperaba que mis piernas funcionaran”, afirmó Sheehy. “Contenía la respiración y daba ese primer paso. Y cuando todo funcionaba luego del primer par de zancadas, me sentía aliviado”.

En los años posteriores, Sheehy se ha enfocado en ayudar a los demás de distintas maneras. Ha ayudado a corredores a alcanzar sus metas caritativas y los apoyó en sus intentos de ingresar al Libro Guinness. En 2012, su intención era completar las seis carreras de los Maratones de Abbott a Nivel Mundial en un año, pero su objetivo se frustró cuando el huracán Sandy lo obligó a cancelar la Maratón de Nueva York. En esa ocasión se encogió de hombros y se quedó en la ciudad para colaborar con los esfuerzos de limpieza en Coney Island. Además, pone su departamento céntrico de 3 dormitorios a disposición de pacientes con cáncer, sus familiares y corredores que conoció en San Diego, quienes en ocasiones visitan los prestigiosos hospitales de Chicago para recibir tratamiento.

Con o sin récord Guinness, Sheehy no se detiene. Le quedan tres carreras programadas para este año, incluida la Maratón de Chicago Bank of America el 11 de octubre. ¿Por qué sigue corriendo, si ya tiene un récord mundial?

“Suena tonto”, afirma, “pero es para vivir la vida. Me inscribo para experimentar el desafío, para hacer algo que otros no hacen y ver si soy capaz de hacerlo. Para mí, se trata del autoconocimiento, la diversión y la aventura que esto implica”.

“No quiero ser el tipo que dice ‘Pensé en hacer esto’. Simplemente voy y lo hago”.